La práctica de los Valores – SHAUCHA (Purificación física y mental)

La traducción literal de shaucha, que desciende de la raíz SHUC (purificar, limpiar, lavar) es pureza, limpieza, purificación.

Desikachar define shaucha como “mantener limpio y aseado nuestro cuerpo y nuestro entorno”, aclarando además que “tiene aspectos internos y externos. La limpieza exterior simplemente significa conservarnos limpios. La interior tiene mucho que ver con la salud, el funcionamiento libre de nuestros órganos corporales, así como la limpieza de nuestra mente.”

Maréchal interpreta shaucha insistiendo más en esta última limpieza interior como “una acción de purificación que se aplica a la vez de forma global y específica en cada uno de los niveles, del más denso al más sutil: físico, energético, psicosensorial, intelectual, afectivo y espiritual. Se expresa en el comportamiento mediante la limpieza del cuerpo, el control de los sentidos, una reflexión cada vez más profunda, intenciones puras, una acción transparente y una visión interior que inspire algunas realizaciones.”

Así pues, shaucha incluye una purificación integral de todo lo que compone a un ser humano con un propósito muy concreto: liberarse de lo que estorbe a la propia realización. Por otra parte, shaucha también significa una limpieza u orden de nuestro entorno como algo conveniente a la hora de abordar cualquier trabajo con unas ciertas garantías de concentración. El orden a nuestro alrededor no sólo nos facilita el trabajo sino que también nos indica el respeto que sentimos por él. Hacer orden, disponer nuestro entorno con cuidado, ocuparnos de que nada falte ni sobre es una manera de honrar lo que vamos a abordar a continuación. Una vez más, se trata de estar atento.

Shaucha, puede convertirse en una vía excelente para, además de conservarnos limpios exterior e interiormente, irnos acostumbrando a vernos como realmente somos, ponernos en contacto con naturalidad con todo lo que nos compone por burdo que sea y asumir que, de la misma manera que lo corruptible se corrompe en otros, también lo hará en nosotros, con independencia de que queramos o no queramos verlo. Nuestro vehículo material, ese cuerpo con el que estamos tan identificados, se quedará aquí, y eso incluye no sólo la carne, los órganos internos y los huesos, sino también el cerebro, con sus pensamientos y emociones. No somos ninguna de esas cosas, y la constatación cotidiana de esa verdad puede causarnos una dolorosa sensación de pérdida, pero también puede dirigirnos hacia la búsqueda de lo que permanece. Desikachar dice, refiriéndose a shaucha: “La limpieza, al desarrollarse, señala lo que debe ser constantemente cuidado y lo que es eternamente limpio. Lo que se deteriora es exterior. Lo que no se deteriora está, profundamente, en nuestro interior. ”

Frutos de la práctica de shaucha:

Maréchal, en su interpretación del aforismo II.40 nos devuelve cierto optimismo: “La pureza del cuerpo y los sentidos modifica profundamente la mirada que el yogui dirige hacia sí mismo y hacia los otros. Todas las formas de complacencia narcisista, de autoindulgencia y de atracciones desordenadas, así como los fantasmas que se les asocian, desaparecen. Esto favorece una observación igual, clara, respetuosa y tranquila de todos los seres, sin importar su sexo, edad o apariencia.

Shaucha tiene mucho que ver con lo auténtico que hay en nosotros mismos, con lo que persiste cuando todas las demás cosas cambian. Shaucha nos lleva a satya, la verdad, una verdad propia tan al alcance de la mano como ignorada por la mayoría de nosotros. Y shaucha también tiene ecos de aparigraha (la ausencia de codicia), que nos hace aceptar sólo lo apropiado y de esta forma discriminar lo que no lo es; y la inocencia que da como fruto nos conecta también con brahmacarya (pureza, moredación), porque, como hemos dicho antes, yamas y niyamas están íntimamente relacionados entre sí y a su vez relacionados con el resto de los aspectos del yoga recordándonos que cuando avanzamos en uno de ellos estamos poniendo las bases para avanzar en los demás.

Autor: Luisa Cuerda
Revista Conciencia sin Fronteras Nº 47

 

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